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A la hora del té, historias de dinosaurios colosales y relatos de valientes colonos.

A 67 km de Puerto Madryn, la ciudad de Trelew conserva -en sus costumbres, gastronomía y arquitectura- huellas de los nativos tehuelches, de los pioneros galeses que la fundaron en 1886, de los inmigrantes italianos y españoles que llegaron hasta ella en el siglo XX y, también, otras muchísimo más antiguas: las de los dinosaurios que habitaron la Patagonia cientos de millones de años atrás.

El Museo Paleontológico Egidio Feruglio, uno de los más importantes de la Argentina, narra la evolución geológica hasta llegar al origen mismo de la vida sobre la Tierra. Cuando traspases las puertas del MEF vas a entrar en un camino que te transportará al pasado, al encuentro con los enormes dinosaurios que pisaron la Patagonia durante la Era Mesozoica (Los dinosaurios patagónicos tenían tamaños colosales: buen ejemplo de ello es el Argentinosaurus, o el gran Tiranotytan, dos ejemplares de los más grande encontrados hasta el momento en el mundo).

Terminada la visita al MEF, no es necesario que te apures por regresar al presente. Antes, dejate llevar por las historias de los primeros colonos de las tierras patagónicas: los galeses que desembarcaron aquí a mediados del siglo XIX en busca de una tierra en la que pudieran expresar con total libertad su religión, su idioma y sus tradiciones. A 15 km de Trelew, siguiendo la línea que marca el río Chubut, el pueblo de Gaiman conserva mejor que ningún otro las costumbres y las leyendas de los galeses. En las casas de té, en las que se sostiene un ritual de mesas delicadamente vestidas, teteras humeantes primorosamente cubiertas con tejidos de lana y tartas en abundancia; en las capillas antiguas; en los museos, las valientes historias de los colonos vuelven a rodar ante nuevos espectadores y ponen a prueba tu capacidad de asombro.

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