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En Córdoba, todos los caminos conducen a las sierras y hasta allí llegaron también los Jesuitas. Tras su pasos se descubren senderos plenos de historia, cultura y fe.

Gran parte de la historia de la provincia de Córdoba fue escrita por los Jesuitas que llegaron a la hoy ciudad capital en el año 1599. Su misión de fe y saber está presente en los muros de la ciudad y, tierra adentro, en los de las estancias.

En la capital, todo comienza en la Manzana Jesuítica, el corazón histórico de la ciudad: entre las campanadas de las iglesias, se destacan imponentes las construcciones de la Cripta Jesuítica del Antiguo Noviciado, el Colegio de las Huérfanas, la Iglesia Compañía de Jesús, la Capilla Doméstica, la Universidad Nacional de Córdoba y el Colegio Monserrat (Un lugar de convocatoria de estudiantes de todo el país y el mundo).

Tierra adentro se lucen las Estancias Jesuíticas, blancas construcciones de estilo colonial que fueron testigo del trabajo de la tierra, de la cría de ganado, de las tareas en molinos y de la elaboración de vinos artesanales, aún vigente en la región. Las estancias de Santa Catalina, Jesús María, Caroya, Alta Gracia y La Candelaria se eslabonan en una ruta histórica que es Patrimonio Cultural de la Humanidad y lleva al viajero con dirección a un muy interesante pasado vivo. 

 

Cada una de las Estancias Jesuíticas conserva historias y características particulares.

La Estancia de Caroya (1616), ha cumplido diversas funciones a lo largo de los años: fue lugar de descanso y vacaciones de los estudiantes del Colegio de Monserrat, fábrica de armas blancas durante el tiempo de las luchas por la Independencia del país y primer hogar de los inmigrantes friulanos que fundaron Colonia Caroya; actualmente es sede de un Museo Histórico y del Museo del Inmigrante. Está ubicaba a pocos minutos de la localidad de Colonia Caroya y a unos 44 km de la ciudad de Córdoba.

En tanto, la Estancia de Jesús María (1618) es referencia en materia de vinos. Aquí los Jesuitas implementaron la vitivinicultura con técnicas artesanales aún vigentes. El complejo conserva la bodega, los antiguos molinos, el perchel y el tajamar, junto a la iglesia y la residencia. En esta estancia funciona el Museo Jesuítico Nacional. Situada al norte de la localidad de Jesús María, dista 48 km de la capital provincial.

Por su parte, la Estancia de Santa Catalina (1622) es la que conserva el mayor conjunto edilicio fuera de la ciudad de Córdoba, y es, sin dudas, la más imponente. Se destaca su gran iglesia de estilo barroco colonial. Se encuentra a unos 20 km de Jesús María y a 70 km de Córdoba capital.  

La Estancia de Alta Gracia (1643), hoy iglesia parroquial de la ciudad, cobija el Museo Nacional Casa del Virrey Liniers. Su antiguo tajamar constituye hoy el parque central de la ciudad y en las instalaciones destinadas al obraje funciona un colegio secundario. Se ubica en el centro de Alta Gracia, a 36 km hacia el sudoeste de Córdoba.

Por último, la estancia de La Candelaria (1683) se emplaza a 73 km de Cruz del Eje, en medio de las sierras cordobesas. Simple e imponente a la vez, su blanca fachada contrasta con el paisaje rural que caracteriza a las construcciones y la cultura de la zona. Se destaca su iglesia, en cuyo interior se conservan numerosos elementos originales. Esta estancia es la más distante desde la ciudad de Córdoba, de la que está ubicada a unos 220 km.


Todas estas construcciones jesuíticas son Monumentos Históricos Nacionales y han sido declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

 

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