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Una antigua milenaria tierra de habitantes originarios; Capital Arqueológica y Museística de la provincia de Jujuy; es refugio de artistas, músicos y poetas.

A 84 km de San Salvador de Jujuy, recostada sobre la margen izquierda del río Grande y flanqueada por el río Huasamayo, protegida desde los cerros por infinidad de cardones centinelas, Tilcara fue fundada en 1586. Su nombre se debe al de la tribu que por entonces habitaba la zona, los indígenas tilcara, una parcialidad de los omaguacas. Refugio de artistas, de poetas, de músicos y de pintores; oficialmente llamada Capital Arqueológica y Museística de la provincia de Jujuy, es popularmente conocida como ‘polo cultural’ de la Quebrada.

La bohemia de Tilcara regala largas noches de peña. Historias y costumbres ancestrales se funden con los sabores de la cocina regional en encuentros populares que son toda una fiesta: el Enero Tilcareño, el Carnaval, la Semana Santa. Un mediodía en el patio de un comedor animado por el sonido de las guitarras. Tardes de tibio sol, alrededor de la plaza, entre obras de arte que relatan la pueblerina vida cotidiana, artesanías de todos los colores y restos arqueológicos que atestiguan 10.000 años de historia. En lo alto, el Pucará, la más famosa de las construcciones fortificadas precolombinas, es protagonista indiscutido del viaje, la puerta de entrada para andar –a pie o en vehículo - una aventura hacia otros viejos tiempos en un bello entorno natural.

 

Descubierto a comienzos del siglo XX, el Pucará de Tilcara fue reconstruido cuatro décadas más tarde. De gran valor arqueológico, el Pucará  es uno de los principales atractivos de la Quebrada de Humahuaca y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional. Visitarlo tiene un ingrediente extra: el Jardín Botánico de Altura. Allí, sobre una superficie de 3 hectáreas, se encuentran las especies vegetales más características de la Quebrada y la Puna jujeñas.

De regreso en el pueblo, pueden visitarse el Museo de Arqueología Dr. Eduardo Casanova (el acceso está incluido en la entrada que se abona para ingresar al Pucará), que contiene una valiosa y rica colección de unas 5.000 piezas propias de la cultura prehispánica andina en la que se destacan los objetos arqueológicos pertenecientes al período del Incanato. Y frente a la plaza principal, la casa-museo de José Antonio Terry, el primer pintor que retrató la vida y la sociedad de la Tilcara de principios de siglo pasado. Al Casanova y al Terry se suman el Museo de Bellas Artes Irureta, el Museo de Escultura Ernesto Soto Avendaño y el Museo de las Ermitas. También puede recorrerse la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario: construida entre 1797 y 1865 (Monumento Histórico Nacional). 

Históricamente, Tilcara fue la villa veraniega de la alta sociedad jujeña, pero hoy la identidad y la cultura de los pueblos originarios cobra en este pueblo –de auténtico espíritu bohemio, favorito de pintores y artesanos- cada vez más protagonismo. En los alrededores de la plaza principal se multiplica la oferta de bares, comedores y restaurantes que ofrecen delicias regionales y gourmet, los mismos que por las noches sirven de escenario a los músicos tilcareños: copleros, miembros de las bandas de sikuris, entre otros. La noche de Tilcara, con sus peñas folklóricas, es la más animada de toda la Quebrada.

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