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Influencias de los cinco continentes, tradiciones gauchescas y la creatividad de jóvenes cocineros hacen de Rosario uno de los más importantes polos gastronómicos de la Argentina.

La ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe, es uno de los más importantes polos gastronómicos de la Argentina por diversos motivos. Por un lado, su ubicación geográfica, que juega un rol vital ya que su cocina se nutre de materias primas frescas y de la mejor calidad: pescados del Paraná -uno de los ríos más importantes de Sudamérica-; carnes y lácteos de una de las principales zonas ganaderas del país -el sur santafesino-; y vegetales, condimentos y aromáticas de las huertas comunitarias y quintas ubicadas en los alrededores de la zona céntrica. Todos ingredientes de características inmejorables que se combinan de acuerdo a tres vertientes culinarias: las raíces multiculturales, que se mantienen activas a través de medio centenar de colectividades de los cinco continentes, las tradiciones gauchescas y la creatividad e innovación de los jóvenes cocineros locales. De esta manera, Rosario construye una identidad gastronómica que se traduce en innumerables propuestas y en sabores auténticos. Desde el típico sandwich local, el “Carlito”, o las tradicionales “picadas”, hasta los mejores pescados de río, costillares a la estaca o empanadas, pasando por sus particulares medialunas saladas y productos de pastelería, cervezas artesanales, conservas, productos regionales y mucho más.

 

El circuito gastronómico rosarino es conocido como el de las “7 C”: Cultivar, Cosechar, Comprar, Cocinar, Comer, Conocer y Compartir. Una experiencia que comienza con un recorrido por las huertas urbanas, en las que se cultivan –con los métodos más tradicionales- frutos y vegetales libres de agroquímicos. Aquí se puede cosechar y luego preparar, con los productos recolectados y bajo la guía de un chef, exquisitos platos regionales. Por otra parte, se pueden hacer paseos de compras por ferias de verduras y visitar fábricas de helados, de cerveza artesanal o de dulce de leche, donde siempre hay espacio para charlas distendidas y degustaciones. Rosario es la Capital Nacional del Helado Artesanal y sede de una verdadera fiesta en la que cada año participan más de 30 representantes de heladerías locales. Además, en las enotecas de la ciudad se realizan catas de vinos Malbec en una degustación comparativa guiada.

También es imperdible experimentar la estrecha relación de la ciudad con el río y la pesca en el Paraná. En Rosario se puede aprender a despinar pescados durante una charla con un experimentado pescador en un típico puesto de la costa norte, y saborear un delicioso plato en un club pesquero a orillas del río o en restaurantes sobre la costanera. El pescado puede degustarse en tradicionales cocciones a las brasas, con hierbas y limón, o en platos de nuevas tendencias gourmet.

Otra experiencia clave es compartir junto a un experto asador los secretos de un buen costillar a las brasas, degustando una copa de Malbec, y almorzar en un entorno rural signado por las tradiciones gauchescas.

Rosario invita también a conocer el movimiento de sus circuitos gastronómicos (Pellegrini, Pichincha, Costa), visitar un bar con historia donde probar el tradicional “Carlito” y participar en clases de cocina para aprender a elaborar recetas típicas. Y, por qué no, a disfrutar del aperitivo tradicional rosarino –el “Amargo Obrero”- junto a una picada.

Una experiencia para no olvidar, plena de exóticos condimentos y salpimentada con esa particular fusión que ha hecho de Rosario una marca reconocida entre los principales polos gastronómicos del país.

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