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Recetas que alegran el mediodía y seducen por las noches; transmitidas de generación en generación, resultan una experiencia… irresistible.

La Quebrada de Humahuaca es refugio de tradiciones, también, a la hora de la comida. Sabores con esencia milenaria que hablan del legado de la tradición culinaria andino-incaica. Platos y comidas con gran personalidad que forman parte de la cultura de los pueblos originarios y que se han transmitido de generación en generación. Hoy, llegan a las mesas de los pequeños bares, los pintorescos comedores y los distinguidos restó gourmet en presentaciones tradicionales y también combinados con novedosos elementos de la cocina moderna.

Locros, tamales y humitas forman parte de antiguas recetas culinarias. Algo picante y de gran personalidad, a base de maíz, pimientos, papa andina, carne secada al sol (charqui), la cocina de la Quebrada estimula los sentidos del viajero y lo acompaña en cada kilómetro: en todas las localidades se convidan panes y dulces caseros; quesos y quesillos producidos con técnicas artesanales; chivitos asados y, por supuesto, empanadas. Si de carnes se trata, la elegida es la de llama. También se destacan las humitas, los tamales y los quesos de cabra. Entre las bebidas típicas, resaltan el té de hoja de coca, utilizado –y recomendado- para evitar el mal de altura y, como curiosidad, la chicha (una bebida alcohólica producida a base de harina de maíz y agua que se deja fermentar en ollas de barro). Como en toda la Argentina, en la Quebrada de Humahuaca no falta el buen vino: los nuevos emprendimientos vitivinícolas atraviesan aquí una etapa de auge, encabezada por la exclusiva producción de una pionera bodega de la localidad de Maimará. A la hora de los postres, la miel de caña, las empanadillas de cayote, los gaznates (masa rellena con dulce de leche), las nueces confitadas y los alfajores de quinua son irresistibles. Y un souvenir que el viajero encontrará disponible en las casas de regionales, en los mercados y ferias de los pueblos e incluso en improvisados puestos al lado de los caminos.

Los platos quebradeños exigen paciencia para poder ser descubiertos, y disfrutados. Aquí, la madre tierra invita a unírsele saboreando delicias autóctonas de texturas intensas: un banquete regional pleno de colores.

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