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Desértico, silencioso, apenas interrumpido por alguna manada de guanacos y una vegetación rala, uno de los paisajes más misteriosos de la Patagonia.

Alejado de todo poblado, el paisaje del Parque Nacional Bosques Petrificados, en la provincia de Santa Cruz, tiene una quietud apenas interrumpida por el paso de una manada de guanacos, por la presencia solitaria de algún zorro gris y por el permanente zumbar de los vientos patagónicos. En medio de una vegetación achaparrada, en esta área natural descubierta a comienzos del siglo XX se distinguen los imponentes perfiles de árboles convertidos en piedra, esculturas naturales que son testimonio del pasado geológico del lugar. Los árboles como piedras hablan en silencio de un pasado de esplendor, de cuando sus cortezas eran de madera y sus copas superaban los 100 metros de altura; de cataclismos que los sepultaron bajo profundos mantos de cenizas volcánicas y que los endurecieron como rocas. Porque hace 150 millones de años esta zona árida estaba cubierta por una abundante vegetación, con bosques de araucarias ancestrales, pinos, helechos y especies de palmeras ya extintas. Los movimientos sísmicos que dieron origen a la Cordillera de los Andes y las erupciones volcánicas que los acompañaron cubrieron estos bosques bajo una capa de cenizas. En las sombras se inició, paulatinamente, un proceso de silicificación de la madera. Y con el paso de los años, la acción del viento y el agua fue descubriendo este sector, permitiendo que los antiguos árboles volvieran a la superficie, convertidos ahora en piedra.

Recorrer los senderos de este increíble bosque es una experiencia única. Aquí se encuentran restos de troncos de hasta 3 metros de diámetro y más de 30 metros de largo, cuyas cortezas adquirieron una dureza granítica. Desde la zona pueden observarse elevaciones de escasa altitud, como el cerro Madre e Hija, otro testigo de la actividad volcánica de tiempos pretéritos. También pueden avistarse ejemplares de guanacos, zorros grises, chingolos y lagartijas de diversas tonalidades; choiques y piches patagónicos. El recorrido se hace en compañía de guardaparques, quienes ayudan a comprender y descubrir este sitio en toda su magnitud.

IMPORTANTE: Se recomienda llevar agua potable, alimentos y combustible ya que la población más cercana –Jaramillo- se encuentra a 140 km de distancia por la Ruta Nacional 3 (50 km del trayecto son de ripio y corresponden a la Ruta Provincial 49).

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