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A 1.000 km de la Antártida, donde el Atlántico y el Pacífico se juntan en mares inclementes, observá en los hábitats más australes a las aves de la última frontera.

El petrel gigante sobrevuela el tranquilo Canal de Beagle mientras la embarcación se dirige al encuentro del pingüino magallánico. Acecha la skúa sobre la pingüinera. En el camino se ven albatros, fulmars, yuncos, colonias de cormoranes, patos vapores, gaviotas y gaviotines. Explorando la costa se observan ostreros australes, playeros, pitotois, chimangos y caranchos. El plato fuerte llegará, sin embargo, en tierra: el Parque Nacional Tierra del Fuego es el hogar del enorme carpintero magallánico y del tímido rayadito. Con suerte se avistarán también el periquito austral o cachaña y el picaflor rubí. Hay que buscar agachonas, remolineras, dormilonas, zorzales y cabecitas negras. En los espejos de agua se lucen cisnes, garzas, cauquenes y el martín pescador. Y, en las alturas, cóndores, jotes, águilas, azores y lechuzas. El fin del mundo es un reino de hermosas aves.

 

IMPORTANTE: La mejor época para visitar Tierra del Fuego es durante la primavera y el verano, cuando las aves anidan en colonias. El clima es imprevisible, por lo que se recomienda llevar, siempre, ropa de abrigo e impermeable.

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