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Hacia el interior de la provincia, los campos de trigo custodian el camino, en el horizonte asoman ríos, lagunas y bañados donde las aves despliegan sus alas llamando a los birdwatchers.

La provincia de Córdoba cuenta a lo largo de su territorio con una geografía privilegiada para el avistaje de aves. En un entorno de sierras, y nada lejos de la ciudad capital, en bañados, ríos y lagunas es posible observar a gran variedad de especies en su hábitat natural. El bañado del río Saladillo, situado en el sudeste de la provincia, en tierras privadas del departamento Unión, es uno de los principales humedales mediterráneos del país para las aves migratorias, razón por la cual BirdLife International lo ha declarado Área de Importancia para la Conservación de las Aves. Reconocidos ornitólogos han identificado esta zona como un paraíso para los playeros. 

A 211 km de Córdoba Capital, la Reserva de Uso Múltiple y Laguna de Mar Chiquita es un humedal que tiene una superficie mayor al millón de hectáreas. Ha sido declarada Sitio RAMSAR y es el hábitat de las aves playeras de la región que migran hacia el hemisferio norte. En esta zona se han censado gran cantidad de especies de falaropo común, pitotoy chico, playerito rabadilla blanca y chorlo pampa. También es posible fotografiar flamencos, patos y gaviotas, entre otras especies de ambientes acuáticos. En cercanías de esta laguna, la localidad de Miramar ofrece servicios turísticos y de alojamiento.

En la zona turística de Sierras Grandes se encuentran especies representativas como el cóndor, las águilas, halcones y jotes. Es en los paredones del Parque Nacional Quebrada del Condorito donde se encuentran los apostaderos de cóndores. Ellos parten por la mañana en busca de alimentos y es necesario encontrar el momento preciso para poder verlos. Es, sin duda, uno de los desafíos de los aficionados y se encuentra a solo 90 km de la ciudad capital de la provincia, muy cerca de las localidades turísticas de Villa Carlos Paz, Mina Clavero, Alta Gracia y Villa General Belgrano.

Luego de una intensa jornada, el día cae a orillas del agua y parecen fundirse los colores en el horizonte. La gastronomía de las localidades cercanas garantiza una variedad de sabores heredados de la cultura europea para compartir entre amigos. Es momento de descansar y esperar, como lo hacen las aves, la llegada de un nuevo día.

 

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