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Naturaleza, cultura, diversión y relatos de antiguos tiempos a la vera del río.

A 32 km de la bulliciosa, y siempre efervescente, ciudad de Buenos Aires, el Delta del Tigre regala un particular encuentro con la naturaleza y la historia. Aquí, el río Paraná se abre formando su propio delta y una multitud de canales, arroyos y (otros) ríos se apropian del paisaje. Conocerlo es fácil. Tomando el Tren de la Costa en la estación Maipú, bordeando el río, se llega a la estación Delta, una vez allí las alternativas son múltiples. Se puede elegir entre una excursión a medida o recorrer los canales en una de las lanchas colectivas que emplean los isleños para desplazarse en su cotidianeidad. Durante el paseo, puede visitarse un área de islas interconectadas por puentes y caminos, acercarse a una casita blanca protegida por una gigantesca urna de cristal que fue propiedad del Presidente Domingo Faustino Sarmiento en el siglo XIX, visitar las casas de Haroldo Conti en Arroyo Gambado y la de Rodolfo Walsh sobre el río Carapachay, comer en un típico restaurante ribereño o pasear sin rumbo fijo entre espléndidos sauces llorones. A la vera del río, se disparan las opciones: el Parque de la Costa, el casino Trilenium, la villa de Marcos Sastre, el edificio del Club de Remo conocido como Tigre Hotel, las pérgolas de la plaza Manuel Belgrano, el Museo Naval de la Nación. Antes del regreso, bien vale dedicar unas horas para hacer compras en el Puerto de Frutos, un famoso mercado al aire libre emplazado entre calles vestidas con los colores de rústicos tejidos, muebles, adornos y accesorios fabricados en caña y mimbre; un mundo de mostradores donde podrán degustarse deliciosos dulces y mieles caseras; adquirir flores brillantes y, por supuesto, toda la variedad de frutas locales.

 

Para disfrutar del horizonte sin límites del agua, partiendo de la ciudad hacia el río con rumbo norte, lo mejor es acceder por el Paseo de la Costa, en Vicente López. Más adelante, veremos pasar la silueta del Monumento del Fin del Milenio y, ya en La Lucila, la pequeña Reserva Ecológica de Vicente López permitirá observar más de 200 variedades de aves. A esta altura, el Tren de la Costa se asoma sobre el río en un antiguo ramal que, desde 1896, unió la estación de Retiro, en la capital porteña, con la localidad de Tigre, en la provincia de Buenos Aires. En el camino, la estación San Isidro es una parada obligatoria. Zona parcelada según la leyenda por el mismo Juan de Garay, fundador de la ciudad de Buenos Aires, en 1706 Domingo de Acassuso decidió levantar allí una capilla bajo la protección de San Isidro Labrador. En 1898 se inauguró la Catedral de San Isidro en estilo neogótico. Vale la parada su visita. Muy cerca, se encuentra el Museo Pueyrredón y, siguiendo hacia el Tigre, en los alrededores de la estación Punta Chica, se destaca Villa Ocampo, una residencia del siglo XIX rodeada por un magnífico jardín que perteneció a la escritora Victoria Ocampo. Ya en el Tigre, la vista del Puerto de Frutos marca el final del recorrido del tren. Y, así, el comienzo de una nueva experiencia viajera, esta vez, río adentro.

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