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La “bahía del fondo”. La prisión de los confines. La tierra de los grandes expedicionarios.

En 1884 una expedición argentina fundó en Tierra del Fuego la ciudad de Ushuaia, allí en el recóndito sur del mundo donde los yámana, adaptados al frío extremo con sus enormes fogatas –esas que dieron nombre a la provincia-, habitaban desde 10.000 años antes. La ubicación de la ciudad fue estratégica al momento de fijar fronteras con Chile y asentar la soberanía territorial de la Argentina frente a las potencias europeas. Desde 1896, y durante cincuenta años, también funcionó aquí un funesto penal: la gran cárcel sin escapatoria hoy convertida en Museo del Presidio y Museo Marítimo. El ferrocarril, que supo transportar a los presos, luce ahora bien distinto: viajar en el Tren del Fin del Mundo es la mejor forma para acceder al Parque Nacional Tierra del Fuego, donde la belleza del paisaje se torna inquietante. En los museos del Fin del Mundo y Yámana, las galerías cuentan las historias de los valientes expedicionarios que dieron los primeros pasos sobre la Antártida y de los pobladores originarios. Una visita a la Estancia Haberton ofrece una extraordinaria oportunidad de conocer el estilo de vida y la herencia de los pioneros de la ‘tierra del fuego’, valientes que lo dejaron todo en la búsqueda de su ‘tierra prometida’. Historias de intenso trabajo, resistencia y determinación.

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