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Una ciudad diseñada pensando en los ojos de los fotógrafos. Un espejo donde reflejar el tiempo vivido.

Buenos Aires está llena de matices ideales para la postal fotográfica: desde los detalles de sus edificios, las esculturas, cariátides, columnas y balcones, hasta sus parques y, también, sus habitantes. El ojo del fotógrafo puede penetrar en la capital porteña como se entra en una casa: a gusto y sin necesidad de ir a otra parte. La Buenos Aires de las fotografías será a veces luminosa, desde la ventana abierta llegarán los perfumes del fondo de la memoria; otras, podrá ser cálida y confortable; también será, en ocasiones, dura como la misma realidad. Bastará con fotografiar las personas, los edificios, las calles, los pavimentos, las galerías de arte. Para los aficionados a la fotografía hay muchas posibilidades en Buenos Aires. Si se desea conocer experiencias profesionales, debe empezarse por la FotoGalería del Teatro San Martín y luego visitar otros lugares como el MALBA, el Espacio Fotográfico del Teatro de la Ribera, las salas del Centro Cultural Recoleta, el Club de Fotografía Argentina, las exposiciones del Palais de Glace y los trabajos de la Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina. Si lo que se quiere es poner el ojo a practicar, una buena posibilidad es subir a las terrazas y últimos pisos de algunos de los mejores rascacielos porteños: el Palacio Barolo, el edificio Comega, el Kavanagh, el Hotel Panamericano, la Galería Güemes.

 

Estos, y otros interesantes edificios porteños, pueden ser visitados por los amantes de la fotografía a través del programa Miradores de Buenos Aires, una actividad gratuita, con cupos limitados, diseñada por el Gobierno de la Ciudad. 

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