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En la costa atlántica de la Patagonia, una experiencia única, intransferible, imperdible.

A metros de la costa y mar adentro, entre la alegría efusiva y la emoción silenciosa que embargan por igual a los viajeros, las ballenas –enormes- asoman sobre la superficie, improvisan saltos, muestran sus colas, posan coquetas para las fotos.

En Puerto Madryn, en las playas de El Doradillo –a unos 15 km de la ciudad-, se acercan tanto a la costa que parece posible tocarlas con sólo estirar los brazos. En la Península Valdés se mueven con total tranquilidad y confianza, y permiten que las embarcaciones se arrimen para observarlas –y fotografiarlas- en todo su esplendor. Un encuentro que se produce con total respeto: los hombres y mujeres de la Patagonia saben que estos gigantes habitaron estas aguas mucho antes que ellos, y que esta es su casa.

Las empresas que realizan el avistaje de ballenas se ubican en Puerto Pirámides, en la Península Valdés, a unos 100 km de Puerto Madryn. Las navegaciones pueden contratarse, a su vez, a través de agencias de otras localidades turísticas de la zona. Las salidas al mar se realizan en barcos y gomones semi-rígidos en compañía de guías expertos.
 

Sobre la Ballena Franca Austral:

Monumento Natural de los mares del sur, la Ballena Franca Austral es una especie protegida que llega a medir 15 metros de largo y a pesar entre 40 y 45 toneladas. Llegan a las aguas del sur argentino durante el mes de junio, cuando el frío comienza a hacerse sentir con fuerza en estas latitudes, para reproducirse y alimentar a sus crías. Las últimas en marcharse lo hacen en el mes de diciembre.
 

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