Quantcast

Dos paredes de granito, de pulida verticalidad, azotadas por tormentas, avalanchas y vientos de 100 km por hora. Dos retos para escaladores expertos.

El Fitz Roy y el Torre son dos cumbres míticas para cualquier escalador. Expediciones de todo el mundo llegan a la provincia de Santa Cruz con la esperanza de lograr el ascenso a alguna de ellas. Desde las alturas, las vistas sobre el campo de hielo continental resultan sobrecogedoras, incluso para los escaladores más experimentados. 

 

La cumbre del Fitz Roy, casi permanentemente cubierta de nubes, hizo creer a los tehuelches que la montaña era un volcán. Junto a ella, las agujas de Mermoz, Poincenot y Gillaumet, y flanqueando el cerro Torre, las agujas Egger, Standhardt y Bífida, completan el impactante elenco de montañas que despuntan de los glaciares elevándose hacia los cielos.

El Fitz Roy (3.405 m.s.n.m.) es una de las montañas que más magnetismo ejerce sobre los escaladores. La cima fue alcanzada por primera vez en 1952 por la llamada Vía Francesa. Hoy, son varias las rutas de ascenso. Desde la Silla de los Franceses ascienden las vías Californiana, Inglesa y Argentina; desde el glaciar Piedras Blancas sube la Vía Española; desde el Pilar Este, las vías Linea di Eleganza, Goretta, Kernin-Knight, Chimichurri y Tortas Fritas. El ascenso por la vertiente oeste se ha logrado desde las vías Polaca, Afanassief, Tehuelche, Ensueño, Checoslovaca y Supercanaleta.

En cuanto al cerro Torre, los primeros escaladores en alcanzar la cumbre (3.128 m.s.n.m.) fueron Maestri y Egger, en 1959, y por la pared norte. La Vía Ragni, por el sudeste, fue utilizada para subir en 1974 y 1977. Por la cara sudeste, Maestri abrió la Vía del Compresor, que sería culminada en 1979 por primera vez y ha sido utilizada desde entonces. Las rutas tienen un nivel de dificultad de grado 5 a 6 según el sistema francés y en los alrededores hay opciones para todos los niveles.

Share Share Share Share

Más para conocer