Quantcast

Pueblos de adobe. Ruinas de ciudades prehispánicas. Antiguas iglesias. Horizontes inabarcables. Desiertos rojos y espejos de sal. La Puna, una tierra de contrastes.

Un viaje a la Puna –territorio que se extiende hacia el noroeste de Salta y que sirve de frontera con Chile y Bolivia- permite conocer a las culturas del altiplano y experimentar una naturaleza virgen, prácticamente desierta. Magníficos desiertos rojos y espejos de sal. Horizontes inabarcables, en los que se distinguen volcanes y picos nevados de más de 6 mil metros de altura. Una altiplanicie apenas salpicada por pequeños pueblos de casas de adobe, en los que sus habitantes mantienen una cultura ancestral. La Puna es una tierra de contrastes. De montañas de nieves eternas que ayer fueron sagradas y que hoy atraen a los amantes de la aventura. Una combinación ideal entre naturaleza extrema y cultura hospitalaria, una experiencia viajera imborrable.

 

A 165 km de la ciudad de Salta –por un camino 85% pavimentado y en muy buen estado de ripio el resto- se llega al más importante de los pueblos de la Puna salteña, San Antonio de los Cobres, parada obligada del Tren a las Nubes, una de las formaciones ferroviarias más asombrosas del mundo. Transitando un camino paralelo al del Tren, se puede contemplar la perfecta obra de ingeniería y su punto más álgido: el Viaducto La Polvorilla. Antes de llegar a San Antonio, en Alfarcito, poblado de la Quebrada del Toro, puede visitarse una auténtica feria agro-artesanal. Y en Santa Rosa de Tastil, a unos 3.100 m.s.n.m. se encuentra el Sitio Arqueológico Tastil, una importante ciudad preincaica.

A 65 km de San Antonio de los Cobres, los caminos de la Puna conducen a otro lugar de impactante belleza: las Salinas Grandes. Un extenso territorio blanco que contrasta con el azul profundo del cielo. Los piletones que preparan los salineros para la extracción de la sal, con sus aguas increíblemente celestes, le dan una cuota extra de belleza al paisaje. Las Salinas son un sitio ideal para la toma de fotografías. Se pueden recorrer en vehículos 4x4 y es recomendable llevar lentes de sol para evitar el reflejo. En el trayecto que une San Antonio con las Salinas varios parajes familiares, como El Mojón de la familia Llampa, invitan a ser parte de un turismo de tipo vivencial: aquí se puede almorzar con los hombres y las mujeres de la Puna y conocer cómo es su vida en tan particulares paisajes, entre un invernadero de altura, corrales de llamas y ovejas y un pequeño museo regional único en su tipo.

Otra opción para conocer la Puna es, desde San Antonio de los Cobres, partir rumbo oeste hacia el pequeño poblado de Tolar Grande. Son cerca de 200 km de caminos de ripio y paisajes de ensueño, que atraviesa salares y planicies de intenso color rojo. Hay varios circuitos a los que se accede en 4x4 o a través de senderos, todos conducen a sitios maravillosos: Ojos de mar, una montaña sagrada que se levanta inexplicablemente en medio de un salar (el Cono de Arita), El Túnel del Hombre Muerto, El Arenal, la Laguna Santa María, en la que se encuentra una colonia de flamencos rosados. En esta región inhóspita de los Andes, los volcanes y cumbres nevadas de más de 6 mil metros de altura son un desafío para los andinistas. En estos picos, venerados ya por los incas, se encontró el santuario más alto del mundo. En la cima del Volcán Llullaillaco fueron hallados los cuerpos congelados de tres niños ofrendados en sacrificio durante el apogeo del Imperio Inca (Actualmente en exhibición en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de la ciudad de Salta).

 

Los pueblos de la Puna conservan sus costumbres ancestrales, típicas de la cultura kolla. Sostienen un sincretismo religioso en el que conviven a la perfección las ceremonias católicas con los ritos sagrados de sus antepasados: se venera tanto a los santos como a la Madre Tierra, a la que llaman Pachamama. En San Antonio de los Cobres y en Tolar Grande, los artesanos realizan tejidos con agujas de espinas de cardón y peines de hueso; como materia prima, utilizan la lana de llamas y ovejas que crían en la zona; y como motivos, los antiguos diseños andinos. Los habitantes de la Puna, de pieles curtidas por el sol y por un clima inclemente, reciben a los viajeros con amabilidad y comparten su cultura con una oferta interesante, y en franco crecimiento, de turismo comunitario.

 

IMPORTANTE: La visita a San Antonio de los Cobres y Salinas Grandes lleva un día entero. Quienes quieran llegar a Tolar Grande deberán contemplar una travesía de más de un día. Las excursiones en vehículos 4x4 parten desde la ciudad de Salta y desde San Antonio.

Share Share Share Share

Más para conocer