Quantcast

Históricos, tradicionales, modernos y hasta de diseño. En la capital de la Argentina, reductos de todos los estilos donde disfrutar el placer del encuentro.

Uno de los signos de la identidad de Buenos Aires son sus bares, escenarios referentes de una ciudad que ha hecho de la charla y la tertulia una manera de entender la vida. Al principio solo ofrecían café y chocolate con churros, luego incorporaron los tragos y los juegos de mesa (naipes, dominó y dados); finalmente, se inauguraron espacios donde tomar una taza de té y degustar fina repostería. El primer café censado de Buenos Aires data de 1799. Pero la expansión de los bares se produjo en los primeros decenios del siglo XX, alternándose en ellos la discusión política con la cultura del tango, sirvieron como reducto de acaloradas charlas ideológicas, fueron refugio de autores de teatro y directores de cine, y, en general, los visitaron toda la llamada bohemia. Lo cierto es que son muchos, están diseminados por todos los barrios porteños y cada uno, a su manera, es un viaje. Algunos cafés y confiterías se refugian en la belleza decorativa de la Belle Epoque, otros han optado por el racionalismo, mientras que muchos de los últimos se entroncan con la cultura del minimalismo. El Gobierno de la Ciudad ha catalogado un total de 74 cafés notables, entre los que sobresale el famoso Tortoni, situado en la Avenida de Mayo, sitio elegido por políticos, artistas y oficinistas del centro desde comienzos del siglo XX; también, Los 36 Billares, espacio tradicional para los jugadores del billar; y, en el bajo de la ciudad, Confitería La Ideal, con un primer piso de película oliendo a tango. No obstante la sobrevivencia de ‘los notables’, los bares famosos actuales se han abierto a otros aires e influencias y abarcan desde el refinamiento de las barras de los hoteles más distinguidos hasta el clima deliberadamente fashion de los de Puerto Madero. 

Share Share Share Share

Más para conocer