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Por las calles del histórico barrio de San Telmo y el ultramoderno Puerto Madero, hasta la tradicional Costanera Sur, un recorrido por la historia de lo mejor del humor gráfico argentino.

Sobre la Costanera Sur, en la Avenida de los Italianos al 800, se encuentra el MuHu, el Museo del Humor Argentino que funciona en el bellísimo edificio de la ex Cervecería Munich. Diseñado según los dictados del pintoresquismo centroeuropeo, este edificio que emulaba a las típicas cervecerías alemanas supo ser el lugar de encuentro de los protagonistas de la vida social, política y cultural de la Buenos Aires de las primeras décadas del siglo XX. Hoy, resguarda un riquísimo patrimonio que da cuenta de buena parte del humor gráfico producido en el país. Integrada por obras de los grandes maestros del dibujo, la ilustración y la caricatura, la muestra permanente, que funciona en el subsuelo, incluye un centenar de obras que abarcan dos siglos de humor gráfico argentino. Desde piezas propias del humor costumbrista de los Peinetones de Bacle y los dibujos satíricos de El Mosquito y Don Quijote, hasta obras de los grandes ilustradores de comienzos del siglo XX (Cao, Sirio, Zavattaro) que publicaron en las revistas Caras y Caretas, Fray Mocho, Plus Ultra y El Hogar. También, ejemplares de las primeras historietas de mediados del siglo XX, cuando algunos de los grandes artistas del dibujo se convirtieron en editores de revistas que marcaron una época irrepetible: Dante Quinterno con Patoruzú, Guillermo Divito con Rico Tipo y, años después, Landrú con Tía Vicenta y Andrés Cascioli con Satiricón y Humor. Para llegar a la actualidad con obras que hablan del reconocimiento a nivel internacional que alcanzaron humoristas como Quino, Ferro, Mordillo o Carlos Nine.

El Museo del Humor cuenta también con un microcine, donde se proyectan desde cortos animados pioneros como Upa en apuros, el primer dibujo animado en colores de Argentina (Dirigido por Tito Davison y con guión de Dante Quinterno, se estrenó en 1942), hasta las más recientes experiencias de cine de animación en la era digital. 

El camino que lleva al MuHu, desde el histórico barrio de San Telmo, a cuadras de la Plaza de Mayo, es, también, una oportunidad única para descubrir, en familia, la historia de la historieta argentina.

Desde la esquina de Defensa y Chile, donde se encuentra emplazada la escultura de la inefable Mafalda, el encantador personaje creado por Quino, un circuito callejero rinde homenaje a los personajes más queridos de las tiras gráficas argentinas. El Paseo de la Historieta es un recorrido conformado por esculturas que recuerdan a los personajes favoritos de grandes y chicos de todas las épocas. A la imagen de Mafalda, le siguen Isidoro Cañones, el prototipo del playboy porteño creado por Dante Quinterno; Larguirucho, el despistado personaje de Manuel García Ferré; Matías, el niño preguntón de Sendra; Las Chicas de Divito; Don Fulgencio, el hombre que no tuvo infancia, ideado por Lino Palacio; el Clemente de Caloi; el cacique tehuelche de Quinterno, Patoruzú; Gaturro, la mascota de Nik; y ya en Puerto Madero, Don Nicola, de Héctor Torino; Negrazón y Chaveta, de Cognigni; Diógenes y el Linyera, de Tabaré; Langostino y Corina, de Eduardo Ferro; y el genial Inodoro Pereyra y su inseparable perro Mendieta, la creación más popular de Roberto Fontanarrosa.

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