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Edificios italianos, franceses y españoles. Construcciones modernistas. Torres de vanguardia. Singularidades racionalistas. Paredes con personalidad.

En la capital de la Argentina se lucen muchos y muy buenos edificios. Tradicionales, como el Teatro Colón, el Palacio de Aguas Corrientes, la Iglesia del Pilar, la Catedral Metropolitana, la Casa Rosada y el Congreso de la Nación. Modernistas, como el Yacht Club Argentino, el Palacio Barolo -primer rascacielos porteño, inspirado en la Divina Comedia- y, en la Costanera Sur, la ex cervecería Munich, hoy Dirección de Museos de la Ciudad y sede del Museo del Humor. De influencia francesa, como el Círculo Militar, la Cancillería y los hoteles de la Avenida Alvear. La arquitectura contemporánea tiene excelentes representantes en obras como el magnífico Teatro San Martín de la Avenida Corrientes, o el edificio Los Eucaliptos y el Somisa en el barrio de Belgrano. También hay construcciones que han hecho del hormigón en bruto verdaderas obras de arte, como las experiencias del arquitecto Clorindo Testa del ex Banco de Londres, la Biblioteca Nacional y el Museo Xul Solar. Hay torres de departamentos espléndidas: el Edificio República de la Plaza Roma, el edificio Conurban y la Torre YPF de Puerto Madero.

Pero aún cuando parezca mucho, todo esto no es nada si olvidamos lo más sencillo: las cientos de casas “chorizo” de porte italianizante distribuidas por todos los barrios porteños. Y sobre todo, si no consideramos al racionalismo, el estilo que probablemente mejor sintetice la personalidad de la arquitectura de Buenos Aires. Hay muchos ejemplos de esta corriente, desde el edificio de oficinas Comega hasta el Safico, pasando por el Teatro Gran Rex. Claro que si de racionalismo hablamos, el edificio paradigmático es el maravilloso Kavanagh, uno de los primeros rascacielos de hormigón armado del mundo, lleno de detalles exquisitos, cuyos departamentos han sido considerados los más exclusivos de la ciudad desde 1935. Es casi imposible pensar cómo sería la imagen de la Plaza San Martín sin él. O la Recoleta, sin sus edificios de esquinas curvas, sin sus terrazas abiertas, sin los mármoles exquisitamente austeros de los portales.

Definitivamente, la arquitectura es de esos aspectos que hacen de Buenos Aires una ciudad singular.

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