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Mercados bulliciosos, selectos reductos artísticos, populares ferias de usados y encuentros con artistas: los otros recorridos de la ciudad.

A menudo las ciudades se parecen a sus habitantes. Y en las costumbres de éstos se puede descubrir la identidad de las urbes. Por eso, visitar las ferias, los mercados y las galerías de arte es una de las mejores maneras de conocer Buenos Aires.

En el barrio de San Telmo, un primoroso edificio envuelto en cristal y hierro, construido hacia fines del siglo XIX, asombra hoy como escenario de la exótica convivencia de puestos de carnes, frutas y verduras con tiendas de antigüedades, características que definen al Mercado de San Telmo. En el centro porteño, en “el barrio de Gardel”, el Mercado Central de Abasto -estilo art decó- supo abarcar en sus orígenes todas las vertientes del estómago porteño y hoy es uno de los shopping más populares de la capital argentina. En tanto, el límite entre los barrios de Palermo y Colegiales alberga el Mercado de las Pulgas, donde se comercializan antigüedades y usados. Y en el sur de la ciudad, la Feria de Mataderos, emplazada en el antiguo matadero porteño, da lugar a la Argentina productiva del interior que se muestra a través de excelentes cortes de carne, piezas de artesanía repujadas en cuero, carreras de sortija y tradicionales juegos camperos.

Buenos Aires es una ciudad volcada a dar sentido artístico a cada manifestación, por eso en las galerías de arte y los talleres de los artistas, el viajero encontrará, también, una excelente –y muy particular- manera de disfrutarla. Por ejemplo, dejándose caer en el atelier del escultor Regazzoni situado en unas antiguas cocheras de trenes junto a la estación de Retiro. O bien, combinando ocio y negocio en los bares de Palermo, donde además de servir muy buenos tragos se lucen instalaciones vanguardistas realizadas por los artistas con sede en el barrio.

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