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Activa | Turismo Aventura | Aventuras en la Tierra

Mountain Bike

La amplia red caminera argentina garantiza que desde los confines de la Puna hasta el extremo de la Patagonia, siempre habrá una huella de tierra poco transitada por donde hacer rodar una mountain bike.

Seclantás, el Parque Nacional Los Cardones, la recta de Tin Tin, Cachi, Molinos, y la quebrada del río de las Conchas, son los hitos que forman el circuito de los Valles Calchaquíes.

La mayor adrenalina para los bikers está en la Cuesta del Obispo, un impresionante caracol con 1.200 metros de desnivel. Otras opciones a los valles son las Salinas Grandes y la Quebrada de Humahuaca, unidas por la Cuesta de Lipán.

Las áridas montañas mendocinas dan marco a un cruce íntegro de la Cordillera de los Andes por el paso Vergara, entre las localidades de Malargüe y Curicó (Chile), con desniveles de 500 metros en ascenso por jornada, y de 1.000 metros durante la bajada occidental de los Andes.

Quienes dan prioridad a los descensos puros y estremecedores, se valen de los caminos de las Altas Cumbres o de la huella de los “Puentes Colgantes”, en la provincia de Córdoba.

En el cerro La Movediza, Tandil, los senderos recorren las huellas de la época en que el ferrocarril trasladaba las piedras Tandil desde las canteras; y en el cerro Leones, una picada trabada exige pedalear con máxima concentración. En el sistema serrano de la Ventana, las elevaciones de Cura Malal son la mejor elección para las mountain bike.

Parques nacionales como Lanín, Nahuel Huapi o Los Alerces, garantizan un entorno agreste constante.

En los últimos años se está imponiendo la travesía Transpatagonia, uniendo los océanos Pacífico y Atlántico. Uno de los programas finaliza en la ciudad de Puerto Madryn, luego de atravesar la indómita meseta de Somuncurá. Hay también circuitos íntegramente por la costa Atlántica, por el camino de los acantilados, partiendo de la ciudad de San Antonio Oeste y visitando las reservas de fauna marina.

“Confines de los 40” es una expedición para ciclistas solitarios y amantes de la adversidad. Es tan mítica su existencia que, a pesar de que hay largos tramos sin agua y sin postas, ciclistas de todas partes del mundo se animan a recorrerla.